St. Petri | Sigurd Lewerentz | Capítulo 3

Crónica de lo Inexplicable

 

 

 

EL CUSTODIO DE ST. PETRI

Detrás de toda gran obra, no siempre hay alguien que la custodie.

Hace veinte años en St. Petri existe un amable anfitrión llamado Anders Clausson,  quien aguarda cual centinela a cualquier visitante que ose arriesgarse a emprender la travesía que significa llegar hasta Klippan, y ofrece una narración a través de la cual desvela secretos, curiosidades, enigmas, y tentativas explicaciones de una obra plagada de misterios.

Anders Clausson es conocido en la región por un hecho particular que sucedió en el año 1977, y el cual nada tiene que ver con la arquitectura. Por aquel entonces, Anders era un jóven de veintiocho años, portero amateur del Kvidinge IF, equipo de fútbol de la región cuyo momento cúspide en sus más de 100 años de vida lo alcanzó al ascender y jugar por una temporada en la 3ra división de la Liga Sueca. El resto del tiempo ha trascurrido entre la 4ta y la 7ma categoría, donde se encuentra actualmente.

Por entonces, las posibilidades que un equipo de inferiores se enfrentara a uno de primera categoría eran irrisorias, pero aquel verano del 77´ algo extraordinario aconteció. Se desconocen precisamente las causas, pero las reglas de la Copa Sueca de Fútbol cambiaron, como si el comité organizador luego de una cena y entre copas, hubiera decidido que era el momento propicio para hacer un experimento: La Copa de la Liga Sueca aquel año incorporaría todas las categorías sin distinguir, tanto profesionales como amateurs, y un sorteo definiría los encuentros. 

La suerte, el azar o el destino, supieron encontrar al joven Anders como portero titular del humilde equipo regional, mientras que los mismos factores intervinieron para que éste se cruce en primera ronda con el combinado más ganador de las últimas décadas, tanto en la primera división Sueca como a nivel Europeo, el Malmö FF.

De un momento a otro, los jóvenes jugadores de la región agrícola se encontraban ante la oportunidad de enfrentarse ante sus ídolos en el arte escurridizo del balón pie.

Los reporteros no tardaron en movilizarse en busca de la crónica sobre aquellos desconocidos contra los que se enfrentarían las estrellas del Malmö FF, el 04 de Julio de 1977. Así es que aparece por primera vez Anders en las portadas de los periódicos, como el joven y valiente portero que intentará evitar a toda costa que las estrellas del Malmö FF anoten en el inminente encuentro: Anders, el custodio de la portería.

Previa del partido | © Anders Clausson 

Cinco mil personas arribaron a presenciar el encuentro, en un campo que no contaba prácticamente con gradas. A pesar de aquella ser una de las mejores temporadas de la historia del humilde club, los jóvenes del Kvidinge IF no pudieron evitar que las predicciones se cumplieran, y aquella tarde ni siquiera Anders pudo impedir que el esférico ingresara cinco veces en su portería.

Ambos equipos festejaron al finalizar en encuentro. Para el Malmö FF representaba el primer paso hacia la obtención de la competición aquel año, para los jóvenes y amateurs jugadores del Kvidinge IF, un sueño había sido cumplido, y para Anders Clausson, la confirmación de su vocación por custodiar aquello lo cual considere significativo.

Los años han pasado y Anders ha encontrado lo significativo en la obra de Sigurd Lewerentz, principalmente en St. Petri, donde pasa gran parte de su tiempo intentado descubrir y descifrar los enigmas ocultos en esta misteriosa obra, para luego transmitirlos en sus relatos guiados. Desde hace ya dos décadas no sólo ofrece éstas explicaciones de manera gratuita a quien se atreva a llegar hasta Klippan, sino que recorre la Suecia entera fotografiando, registrando y construyendo un arca digital sobre la extensa y dispersa obra del arquitecto. Anders afirma que ha completado alrededor de un cincuenta por ciento (50%), y es posible intuir por sus comentarios que el propósito detrás de tal empresa, a aparte de custodiar un valioso patrimonio para las futuras generaciones, es la de dar a conocer al mundo que en éste lejano y remoto rincón, en el lugar menos pensado, algo extraordinario acontece.  >>> Visitar el Arca Digital de Anders Clausson 

LA CAPILLA MÍNIMA

Al empujar la maciza puerta nos recibe una densa oscuridad.

Una vez dentro, mientras las pupilas intentan adaptarse a la nueva condición penumbrosa, la piel reacciona ante el cambio de temperatura, los oídos se percatan del silencio, y el ser por completo pasa de la intemperie a la protección, al cobijo, al arropamiento. Una vez dentro, es como entrar en un espacio placentario.

En Escandinavia, ésta pequeña sala es conocida tradicionalmente como “Sala de armas”, lugar donde los guerreros se despojaban de ellas y las dejaban reposar, bajo el entendimiento implícito de que estaban pisando un territorio de paz.

Es ésta una capilla primitiva y mínima. El altar de ladrillos emerge de una de sus paredes, y lo hace en voladizo sin tocar el suelo. El milagro de la levitación se produce en ocasiones, cuando algún rayo de sol se cuela por alguna de las ranuras y se desparrama por el suelo. El árbol de la vida, cuelga sobre y desde el techo. El otro elemento de la capilla mínima, es un banco central, también de ladrillos y en forma de L invertida.

Lucernario de la Capilla Mínima | © Anders Clausson 

La capilla mínima se complementa con una antesala o sala de espera, también diminuta.  

El techo de la pequeña sala es abovedado, un banco de ladrillos emerge de una de sus paredes, y dispone de un toalet aún más pequeño donde habita un gran detalle: el modo en que llega el agua hasta nuestras manos, mediante un detalle constructivo, ha sido convertido en un hecho estético. 

Los solados cambian en cada habitación, y las aberturas siempre se encuentran aplicadas del lado externo, dejando el espesor del vano puro y limpio. Las puertas ya no son las protagonistas de las transiciones, sino el paso posterior o el instante previo.

 

‘Los que no esperaron fueron ellos’

No es fácil ser jóvenes amantes sin lugar a donde ir cuando el clima es hostil y menos aún, cuando se trata de un amor prohibido. Ella musulmana, él católico. Ellos, buscando alejarse de toda mirada ajena, y en el sitio menos pensado habían encontrado un lugar de inimaginable libertad. Al parecer, los amores prohibidos en aquella sala mínima han encontrado un lugar donde son muy bienvenidos.

Sala de Espera | © Anders Clausson 

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