St. Petri | Sigurd Lewerentz | CAPÍTULO 1

Crónica de lo Inexplicable

 

 

¿Qué es lo que sucede en Klippan?

¿Cuál es el misterio que habita en el último edificio ideado por un parco y sabio arquitecto de ochenta y un años de edad?

¿Qué hace que un ser humano, dentro de los límites admitidos socialmente de locura, viaje miles de kilómetros sólo para encontrarse con un amalgama de ladrillos y concreto?

¿Qué es lo que se espera encontrar, percibir, experimentar o comprender?

¿Será que siempre que nos movemos, es busca de respuestas inciertas?

¿Qué tan potente puede ser una atracción para producir éste tipo de movimiento?

¿Hasta que punto elegimos lo que nos sucede y en que medida accionamos por aquello denominado “libre albedrío”?

¿Será que sólo somos una partícula navegando en un magma de espacio y tiempo, siendo golpeados a cada momento por toda clase de objetos y sujetos, energías y sinergias, acontecimientos y sucesos, que nos desplazan de nuestra trayectoria inicial y nos proyectan hacia una nueva otra?

Me resulta profundamente atractivo por misterioso, inaprensible e incomprobable, el sólo hecho de pensar e intentar imaginar la cantidad de fuerzas orquestadas que colisionan contra nuestros momentos presentes para desviarnos de nuestras trayectorias iniciales y permitir que cualquier encuentro inesperado así se produzca.

En este caso, mi viaje a Klippan comenzó mucho tiempo atrás, y lo que escribo a continuación, no es más que un mero intento por relatar lo inexplicable.

DESPLAZAMIENTOS

El otoño en Escandinavia llega de sorpresa, sin querer y sin darse cuenta.

Del mismo modo, me encontraba en un tren navegando por unas planicies suavemente onduladas rumbo a Klippan.

¿Qué es lo que lleva a un ser a desplazarse 12.132km? Quizás un mito.

¿Qué es lo que espera encontrar? Algo que no se sabe muy bien hasta que lo encuentre.

Si consideramos la idea de localizar un punto equis (x) en el tiempo pasado para determinar el comienzo de éste desplazamiento, podríamos inferir el primer momento en que un amigo hizo referencia en una conversación de café a un misterioso arquitecto que construyó algunos edificios en la remota y lejana Escandinavia.

Más de seis años pasaron hasta poder llegar a contactar con una de esas obras, muchos afirman, su gran obra maestra.

Por más de 2190 días he estado en movimiento, lento pero constante, desde aquel comentario primigenio hasta encontrarme experimentando el mito.

Ni cerca me encuentro de ser el mismo de aquel momento, el tiempo transcurrido ha hecho que de mí alguien muy distinto de quién se embarcó en la aventura, hasta el punto de olvidarme el por qué me desplazaba, y recordarlo una vez que estaba ya muy cerca.

Ciertamente aquel impulso inicial se había disuelto en rutinas, movimientos menores, burocracias, tareas domésticas y decisiones mínimas de supervivencia. Pero una mañana de Octubre, el impulso me arrebató de sorpresa, y ya en camino, recordé que el tren en el que me encontraba, me llevaría directamente al encuentro con el mito que alguna vez me cautivo en una juventud no muy lejana. Y así es que el pasado otoño, de sorpresa, sin querer y sin darme cuenta, me encontraba arribando a Klippan, un pueblo perdido en la planicie suavemente ondulada al sur de Suecia.

KLIPPAN

La estación de Klippan me recibió con cálidos rayos otoñales y desolada.

Las personas que descendieron junto a mi se desvanecieron en un instante, confirmándome que allí, yo era el único foráneo.

Klippan es un poblado perdido en la ruralidad al sur de Suecia, que podría bien estar en Missouri o en la Pampa Argentina. Un pueblo con todos los ingredientes que a estos los caracteriza: Poca gente en sus calles, pizzerías aquí y allá, adolescentes que cruzan miradas cómplices, perros paseando a sus correspondientes dueños.

Camino como un desconocido por sus calles periféricas a la hora de la siesta de un Viernes cualquiera. Me pregunto si aquí encontraré verdaderamente el mito que he venido a encontrar. Puede que quizás y en ocasiones, lo más preciado se encuentre en los lugares menos imaginados, y justamente por esto, cuentan con la capacidad de asombro a su favor. Si en algo contribuye el contexto a la experiencia de St. Petri, es el aporte del factor sorpresa.

A diferencia de grandes focos urbanos con estímulos por doquier, el contexto ordinario y sin particularidades fuera de lo común donde se emplaza St Petri, de algún modo desintegran toda clase de expectativas en el visitante.

¿Qué puede uno esperar al caminar por calles tan similares a la de cualquier barrio periurbano, sino más de lo mismo y ya conocido?

El particular estado de neutralidad que produce Klippan en el foráneo al llegar, es la antesala fundamental para experimentar lo extraordinario con intensidad.

 

Pd: “En ocasiones, lo extraordinario suele encontrarse en o entre lo más ordinario”

+  

Deep

Reading 

Architecture: 

Share This